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OCTUBRE 2016 - vol 11 - nº 2

REVISIONES: DISLOCACIONES DEL CICLO VITAL FAMILIAR

Patricia Calvo Tudelaa y José Luis Rodríguez Navarroa

a Médico especialista en Medicina familiar y comunitaria. D.S. Metropolitano-Granada

Si atendemos al concepto de familia de Minuchin, “la familia es un conjunto organizado e independiente de personas en constante interacción, que se regula por unas reglas y unas funciones dinámicas que existen entre sí y con el exterior”.

La familia no es un ente estático sino que va evolucionando desde su formación hasta su disolución, adaptándose a los distintos cambios y fases que  acontecen de una forma natural y esperada, o como refiere Espina, “un patrón previsible que se puede describir en término de etapas, de transiciones o de crisis”.

Estas etapas conforman el denominado ciclo vital de la familia (tabla 1) que se concibe como la secuencia de estadios que atraviesa la familia desde su establecimiento hasta su disolución. Así mismo ya que la atención familiar se entiende como una atención continuada y a lo largo del tiempo, el hecho de conocer ese patrón previsible que supone ese ciclo vital familiar nos ayudará a afrontar de una manera más adecuada nuestra labor como profesionales.

  

ETAPA

DESDE

HASTA

I FORMACIÓN

Matrimonio

Nacimiento del primer hijo

IIA EXTENSIÓN

Nacimiento del primer hijo

El primer hijo tiene 11 años

IIB EXTENSIÓN

El primer hijo tiene 11 años

Nacimiento del último hijo

III FINAL DE LA EXTENSIÓN

Nacimiento del último hijo

El primer hijo abandona el hogar

IV CONTRACCIÓN

El primer hijo abandona el hogar

El último hijo abandona el hogar

V FINAL DE LA CONTRACCIÓN

El último hijo abandona el hogar

Muerte del primer cónyuge

VI DISOLUCIÓN

Muerte del primer cónyuge (extinción)

Muerte del cónyuge superviviente

 

Tabla 1. Clasificación de las etapas familiares de la OMS modificado por de la Revilla

  

La salud de la familia desde este punto de vista holístico de la misma se  pondrá de manifiesto en su capacidad para adaptarse a estas transiciones. Pero cuando la familia no es capaz de asumir el estrés que supone un cambio de etapa por causas previsibles o si lo que le lleva a este fracaso a la hora de cumplir las tareas específicas de cada etapa  son causas no esperadas ya sean de tipo sociodemográfico como económico hablamos de dislocaciones o disrupciones, que son en resumen alteraciones, modificaciones o interrupciones del ciclo vital familiar. 

En la tabla 2 se expone un resumen de las dislocaciones sobre las que vamos a hablar en esta revisión.

 

 

Familia monoparental

Múltiples variables

Familia reconstituida

Múltiples variables

Pareja sin hijos

No permite el paso de la etapa I a la IIA

Retraso en la salida del primer hijo del hogar

Bloquea el paso de la etapa III a la IV

Retraso en la salida del último hijo del hogar

No permite el paso de la etapa IV a la V

Retorno al hogar del hijo emancipado

Hace que una familia en la etapa V retorne a la etapa IV

 

Tabla 2. Posibilidades de dislocación del ciclo vital familiar.

 

Hasta ahora las causas más frecuentes de dislocación familiar (por causas no esperadas) han sido según recogen en diversas publicaciones Prados y Revilla, la monoparentalidad  y la familia reconstituida. Pero si hablamos de la capacidad de evolucionar de la familia en relación a su propio curso, porque no pensar en su capacidad para adaptarse al curso histórico que la rodea. Las estructuras familiares están cambiando por una serie de acontecimientos históricos como son la crisis económica de ámbito mundial por la que atravesamos, y en relación a estos cambios sustanciales y rápidos en su composición y organización interna que se le demanda a la familia, sobre todo en la cultura occidental como apuntan Espinal y Gimeno, se  generaran  una desorientación y  un estrés para los que  no siempre encontrara una salida satisfactoria, rompiendo su homeostasis e impidiendo el correcto desarrollo de sus miembros como seres individuales y como componentes de un conjunto vivo, un conjunto vivo capaz de somatizar como manera de expresarse .

En conclusión aumentarán en frecuencia dislocaciones del ciclo familiar como son las parejas sin hijos y el retraso en la salida de los hijos del hogar e incluso el retorno de hijos independizados a la casa de los padres.  Estando atentos a los posibles giros que nos esperan en relación a la asistencia de la familia como germen de la comunidad, estaremos preparados para identificar, preveer y tratar problemas que antes quizás no fuesen tan frecuentes y que ahora están en auge. En esta tarea el médico de familia ha de hacer  uso de herramientas como el genograma, que es un instrumento clínico práctico que facilita el abordaje sistémico familiar en la atención al paciente y proporciona una visión rápida e integrada de los problemas biomédicos y psicosociales.

En un estudio realizado por De la Revilla se observó que en un 16.6% de los genogramas interpretados, se podía detectar la presencia de una dislocación o interrupción del ciclo vital familiar (En la serie estudiada la causa más frecuente fue la monoparentalidad en el 66%, seguida de la reconstituida en un 14% y del retraso del abandono de los hijos del hogar en un 10%), concluyéndose que cuando un genograma está bien construido, es un buen instrumento para clasificar a las familias según la etapa del ciclo vital familiar en que se encuentren, para evaluar el papel de las interacciones familiares a lo largo de su ciclo y para descubrir las disrupciones del ciclo vital familiar.

Desarrollaremos ahora las diversas dislocaciones que hemos mencionado.

 

LA FAMILIA MONOPARENTAL

Como recoge Barrón para la revista del ministerio de trabajo y asuntos sociales en su artículo “Familias monoparentales: un ejercicio de clarificación conceptual y sociológica”, tradicionalmente han existido tres rutas de entrada para la monoparentalidad: la maternidad solitaria o extra-conyugal, la viudedad y la separación o divorcio. Habitualmente se ha tendido a ignorar la versión masculina de estas monoparentalidades, quizás por la matrifocalidad predominante hasta hace poco, y que ahora coexiste con un creciente número de padres que deciden en diversas circunstancias hacerse cargo de su progenie, ya sea en la viudedad, como padres hetero/homosexuales que obtengan la custodia de los hijos o que decidan engendrar/adoptar para ejercer una paternidad en solitario. Tampoco podemos olvidar la figura del padre inmigrante que cuida de los hijos en el nuevo país hasta que pueda establecerse el resto de la familia, la monoparentalidad asociada a la encarcelación de uno de los padres o la debida a profesiones que impiden a uno de los progenitores cohabitar con su familia.

En este punto es importante identificar en qué punto la familia deviene en monoparental, ya que dependiendo de la etapa en la que se encuentre la familia los síntomas que expresará la misma serán diferentes en forma y relevancia.

Peck y Manocherian, en su estudio de los efectos del divorcio en la familia, comprobaron que si la disolución de la pareja se produce en la primera etapa del  ciclo, los problemas emocionales y los cambios conductuales son poco relevantes ya que los vínculos estaban comenzando a formarse, mientras que si esto ocurre en  las etapas de contracción el proceso de monoparentalidad suele acompañarse de  intensos conflictos, debido a la larga historia previa de convivencia.  Para la mujer ha sido tradicionalmente más complicado adaptarse a esta nueva manera de vivir, dado que su trabajo mayoritariamente se basaba en el cuidado del hogar, así que podemos encontrarnos con una mujer a la que, a los trastornos de autoestima habrá que sumarle la indefensión que vivenciará ante el nuevo medio que se le presenta como hostil en términos económicos y sociales. Todo ello, claramente dependerá de muchas cosas puesto que si hablamos de la mujer en anteriores generaciones lo expuesto anteriormente será lo normal y si miramos hacia presentes y futuras generaciones nos encontramos a una mujer con mayor independencia económica y social que acusará en menor medida la separación o divorcio.

Como ya comentamos anteriormente el tiempo de convivencia es fundamental puesto que para ambos cónyuges, la ruptura acarreará mayores conflictos en las etapas finales del ciclo debido al vínculo y la complicidad que se creó con los años y que se ha roto, vivenciándose como una desconfianza hacia el concepto de pareja, como un fracaso de la obra que supone configurar una familia y una falta de ímpetu y fortaleza para ser la base y la fuerza de la misma… todo al menos hasta que consiga adaptarse tanto el cónyuge como la familia a la nueva situación y elaborar nuevos flujos de relación incorporando esta vivencia como una característica y no como un lastre, para ello será fundamental el apoyo por su red social y desde el punto de vista de la atención familiar que nos compete, identificar el problema y establecer tratamiento adecuado para ello.

Así mismo Peck y Manocherian hacen referencia a como para los hijos, como componentes de este sumun que es la familia, tampoco es indiferente la etapa en la que se encuentren basándose en  Wallertein y Kelly que observaron que en los preescolares que son especialmente vulnerables a la culpa y a la confusión, pueden retroceder en su desarrollo personal, expresándolo de diferentes maneras:  eneuresis, angustia a la separación, alteraciones del sueño, fantasías agresivas… mientras que los escolares pueden desarrollar conductas problemáticas con los compañeros o la autoridad, déficit de atención en la escuela y conductas agresivas. Estas conductas agresivas se harán más manifiestas en los hijos adolescentes debido a la propia naturaleza inestable de esta etapa del individuo, asociándose a estados de ansiedad y problemas en los estudios. Tendremos que estar especialmente atentos a la aparición de conductas autodestructivas.

Por último en los adultos jóvenes, la separación o divorcio de los padres supone un factor estresante de importancia, al experimentar como señala Ahrons, conflictos de lealtad y sentimientos de pérdida del hogar familiar.

FAMILIA RECONSTITUIDA

Es la segunda causa de dislocación del ciclo familiar según se recoge en los estudios de Revilla y col. Cuando hablamos de familia reconstituida volvemos a centrarnos en la familia como un organismo evolutivo con sus particularidades y sus ritmos, y de ahí nacen las tensiones de esta dislocación pues en una familia reconstituida se fusionan dos historias, dos ciclos familiares previos que fueron descontinuados por muerte, divorcio o separación de cohabitación, en uno nuevo y diferente donde además se producirá la interconexión con otras familias si contamos las que formarán por su parte las exparejas.  Por ello es esencial la etapa del ciclo en el que se fusionen las familias porque de ello dependerán los problemas con los que habrán de enfrentarse como ya apuntaron Goldrick y Carter.

Si la reconstitución se realiza a partir de dos familias que se encontraban en la misma etapa del ciclo vital familiar, la nueva familia habrá de afrontar problemas previsibles y similares a los que venía asumiendo. Pero si los ciclos preexistentes difieren la adaptación acarreará serias dificultades.

En estas familias se habrá de tener en cuenta su complejidad, las ambigüedades presentes en las relaciones, las posibles relaciones triadicas, los asuntos de lealtad más característico de las familias en extensión, los nuevos roles e incluso la identidad  o sensación de pertenencia o exclusión familiar presente en sus individuos. 

Nos gustaría exponer una serie de características de la familia reconstituida ya referenciadas por González  en la tabla 3.

 

 

1.- La relación paterno o materno-filial es anterior a la relación de pareja.

2.-Se trata de familias mucho más complejas, donde más personas se encuentran involucradas en la convivencia  y en la toma de decisiones, pero además, con el agravante de haber transitado un periodo de pérdidas y cambios, que le significó la separación de su anterior familia.

3.- Algunos o todos sus integrantes tienen experiencia previa de familia y por tanto, tradiciones y expectativas acerca de la vida en común.

4.- Los hijos o hijas habitualmente integran dos familias diferentes, con las inevitables disparidades así como cambios en la composición del hogar.

5.- Los hijos serán miembros de dos hogares diferentes, pero en los cuales siempre estará ausente un padre biológico, por lo que será también fundamental captar los sentimientos por los que atraviesan estos hijos.

6.- No hay historia familiar compartida por todos los miembros.

7.- Hay menor cohesión familiar.

8.-Las transiciones por el ciclo vital familiar son más intensas.

9.-Son familias en transición, es decir, familias que tienen que asumir un número importante de cambios en un corto periodo de tiempo, al menos más corto que es lo que es habitual en las familias convencionales.

10.-Por ultimo no está clara ni establecida cual ha de ser la relación entre los niños y la nueva pareja del progenitor.

 

Tabla 3.Caracteristicas de las familias reconstituidas. Tomado de González  2005

 

PAREJA SIN HIJOS

La difícil situación económica y precariedad laboral que atraviesa el país hace que el 70% de las parejas retrase el momento de tener hijos. Según el estudio Decisiones de las parejas de ayer y de hoy, que ha contado con la colaboración de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, el 80% de las mujeres y el 56% de los hombres reconocen que esas circunstancias también están influyendo en el número de hijos que quieren tener. 

Como refiere Verdú en una entrevista para la publicación digital de ABC en el artículo “sin hijos por culpa de la crisis”, cada vez hay más parejas que acude a consulta manifestando el deseo de tener hijos pero retrasándolo debido a la situación económica, concluyendo que la crisis influye directamente en el aplazamiento de tener un hijo

Con ello encontraremos que se alargara el periodo de nido sin usar y por otra parte se acortará el de la etapa con hijos pequeños como traducción de la tendencia de las familias españolas de reducir su tamaño.

En relación a esta disrupción la aparición de problemas psicosociales y de alteraciones en la dinámica familiar tendrán que ver con determinadas circunstancias como son la edad que tenían los contrayentes cuando se unieron en matrimonio, la decisión personal de la pareja de no tener hijos, la existencia de problemas de reproducción, etc.

Como refiere de la Revilla, la búsqueda de soluciones a sus problemas, la pareja sin hijos, propicia distintas demandas de atención, unas veces debido por los  problemas clínicos y sociales que conlleva el proceso de la reproducción asistida, otras por los largos trámites legales que sufren durante la  adopción. La carencia de roles y funciones en relación con la crianza y socialización de los hijos,  se acentúa con el paso de los años y da lugar a una permanente relación diádica, “los conflictos y sus soluciones solo dependen de nosotros dos”, o a la necesidad de mirar hacia el pasado, es decir, a las familias de origen, padres, hermanos sobrinos, lo que  puede ser fuente de conflictos.          

En los primeros años  la pareja intenta resolver la situación,  de una forma no oficial, con la llegada al hogar de sobrinos, hijos de vecinos o amigos, pero la presencia de estos “hijos sustitutos”, no solucionan el problema, sino que  muy al contrario, depara múltiples tensiones entre la pareja, la familia, los amigos, etc. A medida que la pareja sin hijos va envejeciendo se hace mayor la percepción de soledad  y se hace más evidente la falta de red y apoyo social.

RETRASO EN EL ABANDONO DE LOS HIJOS DEL HOGAR/REGRESO AL HOGAR DE HIJOS EMANCIPADOS.

Esta  disrupción tiene  su origen en factores económicos, sociales o culturales. Tal y como se recoge en el estudio realizado por la obra social “La Caixa”: “transiciones de los jóvenes a la vida adulta”, en 1999 había un ligero aumento de los emancipados de entre 16 y 34 años, pero esta tendencia se para en el 2008, cuando ya se nota el embate de la crisis económica. Si en el 2005 el 40,7% de los jóvenes de la franja de edad citada se había emancipado, dos años después había subido al 44,8%, desde entonces este porcentaje se estabiliza. Lo que nos llama la atención son las causas que motivan estos valores estadísticos.

Si tradicionalmente y sobre todo en los países del sur de Europa tenía que ver con la comodidad de permanecer en casa de los padres, con una apuesta sobre su formación alargando este periodo para asegurarse un mejor porvenir (alentado por unos padres en el contexto de una época de bonanza), actualmente la causa fundamental es esta crisis que nos azota y la precariedad laboral que la preexistía para este rango etario y que se ha acusado en estos años.
Hay que destacar la repercusión de la crisis y del desempleo en muchos hogares encabezados por jóvenes, que, al no poder hacer frente a los pagos de la hipoteca o del alquiler de la vivienda, han tenido que volver al lugar familiar de origen.

Una evidencia de este hecho es que en los últimos cuatro años ha habido un descenso del porcentaje de jóvenes responsables de un hogar, según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto nacional de estadística. Esto originará una regresión del ciclo y con ello una serie de problemas de adaptación que tendrán que ver más con el hecho de unos progenitores que ven  como sus hijos no se pueden valer por ellos mismos en una etapa en la que por otra parte ellos habían concluido con la responsabilidad de ser el sustento principal de sus hijos. Además habrá que sumar las tensiones que acarree el retorno de un hijo frustrado por no poder iniciar su propio ciclo o incluso introduciendo su propio núcleo familiar si ya tuvo descendencia en la casa de sus padres con todo lo que ello conlleva.

Antes de concluir esta revisión queríamos lanzar la siguiente reflexión: si la familia de hoy es tan diferente a la familia de hace unos años, si los problemas que tiene que afrontar hoy son tan distintos a los que afrontaba hace apenas unas décadas, eso nos tiene que poner en alerta pues las dislocaciones también irán mutando y habrá que estar preparados en nuestra misión de salubrista de la familia, para buscar soluciones cuando estén empezando a engendrarse los nuevos conflictos. Conocer el ciclo vital familiar y sus adaptaciones a los nuevos posibles entornos, capacitarse para realizar correctas interpretaciones del genograma y tener la mente abierta para preveer nuevos situaciones en ocasiones patológicas para el conjunto familiar será nuestra responsabilidad.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Peck J, Manocherian J. Divorce in the changing family life cycle. En: Carter B, McGoldrick M. “changing family life cycle”. Allyn and Bacon. Boston. 1989